TEXTO_ Araceli Otero Fernández
ILUSTRACIÓN _ Marisa Irimia
En la Alta Edad Media, Galicia se sintió presionada desde el interior por los árabes y desde las costas por los vikingos. Dos pueblos sin vocación de instalarse en su territorio. Su objetivo principal era el pillaje y la depredación.
Desde el año 843 hasta el siglo XII, Galicia ve cómo periódicamente las ligeras naves vikingas desembarcaban en nuestras costas. Eran “yente muy cruel”, como decía el Rey Sabio en la Primera Crónica, que empleaban el terror como arma disuasoria, que permanecían el tiempo necesario para llenar sus naves, obligando a las poblaciones a apartarse de la costa, lo que puede explicar el traslado de sedes episcopales como Mondoñedo e Iria hacia el interior.
El paso de los vikingos, además de dejar una estela de fabulaciones sobre sus comportamientos, creencias y costumbres, apenas dejó huellas en la cultura de Galicia. Este relato supone la versión más moderna y completa del fenómeno histórico vikingo, recuperado folclóricamente en algunas comarcas de Galicia, como Catoira (Pontevedra).



