TEXTO _ Andrés Pociña y Aurora López
FOTOGRAFÍA _ Archivo de los Autores
Esta mujer que en su juventud estrenó Os vellos non deben de namorarse, de Castelao, y dio vida al teatro gallego en Argentina, acabaría regresando a Galicia en 1949 con la ilusión de promover la música, la danza y el teatro gallego en su tierra, pero en 1958 volverá a Buenos Aires, decepcionada.
A su regreso a Galicia, en 1974, comenzó a dedicar sus esfuerzos a cuidar la que fuera morada de Rosalía de Castro, la Casa da Matanza, y ya no la abandonó hasta el día de su muerte.
Idioma de edición: gallego



