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La Gran Obra de los Caminos de Santiago-El Camino de Arles (VOLUMEN XX)

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De las cuatro rutas principales indicadas brevemente por el Libro V del Códice Calixtino, solo dos son realmente detalladas por su autor: la ruta de Tours, utilizada por los peregrinos del Norte y del Nordeste, y la ruta de Saint-Gilles du Gard o la ruta de Toulouse, hoy comúnmente llamada ruta de Arles.

El camino transcurre por alguna de las ciudades y pueblos más espectaculares de Francia.

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De las cuatro rutas principales indicadas brevemente por el Libro V del Códice Calixtino, solo dos son realmente detalladas por su autor: la ruta de Tours, utilizada por los peregrinos del Norte y del Nordeste, y la ruta de Saint-Gilles du Gard o la ruta de Toulouse, hoy comúnmente llamada ruta de Arles.

Como explica la historiadora Adeline Rucquoi, en la época medieval los peregrinos preferían las principales vías de comunicación que provenían de las calzadas romanas, más seguras y mejor mantenidas. Aimery Picaud, presunto autor del Libro V del Códice Calixtino del siglo XII, no se equivoca: la vía Turonensis y la vía Arelatensis eran entonces rutas más frecuentadas que sus homólogas la vía Podiensis y la vía Lemovicensis.

El autor relaciona la salida de estas cuatro rutas con los grandes santuarios de peregrinación de su época: Saint-Martin de Tours, Sainte-Madeleine de Vézelay, Notre-Dame du Puy y Saint-Gilles-du-Gard. Su mención no es anodina: se trataría de aprovechar sus auras preestablecidas para atraer a los cristianos a Compostela. El santuario más ilustre del siglo XII fue sin duda el de Saint-Gilles que, según Marcel Girault, atraía a tantos o más peregrinos que Compostela.

No obstante, la admiración que el autor expresa de forma apasionada por la ciudad de Arles, marcada por una inspiradora concentración de reliquias de mártires y santos, ha llevado a los historiadores a tomar como punto de partida la antigua capital de provincia de la antigua Roma.

Por otra parte, Arles debe ser comprendida por su papel de encrucijada. El cristiano que bajaba del valle del Ródano para adorar las reliquias de Cesáreo, Trófimo y Honorato podía igualmente continuar su viaje espiritual en dirección a Roma, siguiendo el ejemplo del laico de Montpellier, San Roque, o seguir la dirección del sol hacia Compostela. La Vía de Arles aparece como una cuerda tendida entre los Alpes y los Pirineos, entre el Mediterráneo y el Atlántico. Une la cuna italiana del cristianismo con el lejano Finisterre español.

Si hoy en día la mayoría de los peregrinos a Compostela en Francia inician su viaje desde Le Puy-en-Velay, las evidencias arqueológicas y los archivos medievales tienden a subrayar el predominio de las rutas desde Arles y Tours.

El peregrino de antaño visitaba regiones cada vez más occidentales y desconocidas para él. Su adoración de las reliquias, que consideramos ingenua con nuestros ojos modernos, se basaba en las raíces más profundas de la Humanidad, en las creencias en las virtudes mágicas y en los poderes de curación o de buena fortuna mediante la invocación de poderes misteriosos.

En un momento en el que Europa Occidental retoza en el consumismo y duda entre la racionalidad de la ciencia o la creencia en la existencia de lo Invisible, la fuerza del chamanismo o el poder de los espíritus, la sabiduría budista o la existencia de un Dios con múltiples nombres, ¿qué es lo que impulsa cada año a más personas a seguir los pasos reales o imaginarios de los peregrinos de antaño?

«Fue a partir de Arles cuando se recuperó la tradición de peregrinar a Santiago de Compostela en 1963 por un grupo de jinetes», recuerda René de La Coste-Messelière, uno de los fundadores de la Sociedad Francesa de Amigos de Santiago y del Centro de Estudios Compostelanos.

La consagración llegó el 2 de diciembre de 1998: el Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco, reunido en Kioto, inscribió en la Lista del Patrimonio Mundial el bien cultural en serie titulado «Chemins de Saint-Jacques-de-Compostelle en France», tras la del «Camino de Santiago» en España en 1993 y la de la «Ciudad antigua de Santiago» en 1985. A diferencia de la inscripción española del Camino Francés, los «Caminos» se inscriben como un conjunto de 78 elementos discontinuos repartidos en 10 regiones, cada uno de los cuales contribuye al valor del conjunto aportando una parte de su significado.

IDIOMAS DE EDICIÓN: Castellano

Coordinación: Antonio Segundo Vázquez Portomeñe

368 pp.
22 x 30 cm
212 fotografías en color
2022
ISBN: 978-84-18966-61-3

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