“A Coruña marcó a Picasso para siempre. Su vida y obra lo demuestran”

[vc_row css=\”.vc_custom_1442846960462{padding: 0px !important;}\”][vc_column][vc_column_text]Pie de Foto/Créditos: Los autores
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Lunes, 05 de Enero de 2015

MARTA GARCÍA MÁRQUEZ | Publicado en El Ideal Gallego

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La pareja lleva investigando sobre el Picasso coruñés desde hace ocho años llegando a conclusiones que han cambiado el origen de ciertos dibujos y pinturas que se atribuían a otra época

Se consideran picassianos. Uno porque le lleva picando el gusanillo sobre el pintor desde que se sentó a escribir noticias en El Ideal Gallego. Otra, porque es tataranieta de uno de sus mentores, Pardo Reguera. La pareja acaba de publicar “Picasso Azul y Blanco”, el resultado de ocho años con la lupa puesta en el más pequeño de los Picassos. El que devoraba imágenes al mismo tiempo que jugaba a ser un toro en la plaza de Pontevedra. Los ecos de lo que lo convirtió en genio están encerrados entre las tapas de este volumen.

¿Cómo llegaron a las deducciones que hoy presentan?
La investigación no parte de cero. Responde a preguntas que nos hacíamos, pero hay muchas otras que ya fueron contestadas por otros autores. Está Bugallal, Olano, Toño Mariño, Ángel Padín y Palau i Fabre, además de John Richardson. Nos basamos en esos pilares para responder a quiénes iban en su clase, cómo influyeron sus profesores…

 

La pareja abre el libro y se detiene en un cuadro costumbrista de Pardo Reguera. Al lado, uno de Picasso muy similar.
En el cuadro de Pardo Reguera vemos supuestamente a sus hijos, pero podrían ser los hermanos Picasso porque eran tres. Después vemos que ese cuadro queda en su memoria porque el suyo repite elementos y esto es el espíritu del libro. Los ecos de Picasso en su obra posterior. En esta línea irá también la exposición “El primer Picasso. A Coruña: 1891-1895”, impulsada por Negreira y organizada por el Ayuntamiento y Bellas Artes. En ella, la gente situará a Picasso en su época con todas las confluencias que lo unieron a la ciudad.

Y todo lo explican colocando la inspiración al lado de la versión de Picasso.
Sí, por ejemplo están los paralelismos entre dibujos que hace en la escuela y que saca de láminas para aprender a dibujar. En el volumen los reunimos todos y comprobamos que el sistema de estudio era así. Hubo un año en que se matriculó con Ángel Senra, la leyenda de Os Mallos que se convertiría en el primer alcalde de la República. Esto es curioso porque tenemos que ponernos mentalmente en el siglo XIX. En el libro están registrados todos sus compañeros de Bellas Artes, que son carpinteros, ebanistas y marmolistas la mayoría. Y es que todas las figuras del modernismo coruñés salen de gente que aprendió el oficio en la escuela. Picasso era uno de los más destacados con diez años, una especie de niño prodigio porque los mejores solían tener 18 o 20 años.

Siguen pasando páginas y llegan hasta una lista.
Cogimos todas las listas de alumnos y comprobamos edades. Había niños más pequeños con ocho años y mayores. La publicación también recoge los acontecimientos de la época, de cuándo Picasso vio la nieve por primera vez en A Coruña y relaciona los dibujos que hizo de militares bajo una tienda de campaña con cachimba con la batalla del Rif, donde participó su tío.
Por lo que se ve, ninguna imagen pasaba de largo para él.
Picasso devoraba imágenes. También plasmó la composición que se puede ver en el techo del instituto da Guarda. Iba bebiendo de todos los lados y se apropió de temas ajenos dándoles su propia personalidad. Más que influencias fueron confluencias.

Se paran ante un plato. Es la primera obra ceramista de Picasso, un soporte al que le dedicaría tiempo. ¿Qué más tiene su origen en A Coruña?
En el plato, se puede ver una escena jocosa de dos mujeres y un sacerdote que van a los toros. Es el principio del Picasso caricaturesco. También recogemos los periódicos, que son un antecedente de los blogs cuando ilustraba su descripción de las fiestas en la ciudad con dibujos de un tipo gallego o de cómo se bañaban los de Betanzos. Una cosa muy curiosa son las iniciales que plasmó de Ángeles Méndez, la niña que le gustaba, en un juego que todos hicimos de pequeños. Él junta las letras y lo vuelve a hacer más tarde con María Teresa. La temática de los faunos también sale de aquí, de esculturas de yeso que después pintaría. Son seres con los que se identificó siempre. El hombre con cordero es otro tema que va desarrollando a lo largo de su vida con origen en la ciudad, igual que los anarquistas, que estaba datado en Barcelona y lo hemos situado en A Coruña. Los mosqueteros que acabó pintando tienen un precedente en dibujos que hizo siendo pequeño y después está Conchita, su hermana fallecida, a la que le dedicamos un año de investigación.

¿Qué les llamó la atención del triste acontecimiento?
Ella fue tratada por el doctor Pérez Costales, que no tenía el suero antidiftérico. Cuando enferma, Picasso hace una especie de pacto con dios prometiendo que si se cura deja la pintura. Hay un dibujo de Pablo que podría estar inspirado en la portada del libro “La difteria y su tratamiento”, que probablemente tenía el médico. Esto le inspiró para materializar ese pacto porque sale una especie de dios iluminado. También hay una pintura que hasta ahora se titulaba “Bautizo”. Hemos demostrado que se trata, en realidad, de un responso por la muerte de Conchita porque por detrás está inscrita la fecha 10/95 y el nombre de A Coruña. Esto certifica que lo pintó el día en que se murió su hermana. En él, se puede ver a sus padres en la capilla de San Ámaro. Dicen que el fallecimiento de su hermana fue algo que marcó sus relaciones con las mujeres y su terror a la muerte.

¿Se llegó a sentir gallego?
Picasso se sentía español, pero no cabe duda que se adaptó extraordinariamente bien a la vida y costumbres de Galicia y que disfrutó de ella. Se puede decir que A Coruña le marcó para siempre. Su vida y obra lo demuestran. El libro termina con su relación con distintos gallegos y de cuando Olano le regala las “Obras completas” de Rosalía y él le confiesa ser gallego y galleguista.

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