Itxu Díaz: \”El humor nace de la inteligencia: está ausente del fútbol y la política\”

[vc_row css=\”.vc_custom_1442846960462{padding: 0px !important;}\”][vc_column][vc_column_text]Pie de Foto/Créditos: Itxu Díaz
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Lunes, 08 de Junio de 2015

Publicado en La Región

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El periodista y columnista Itxu Díaz participará esta tarde, a las 20,30 horas en el Marcos Valcárcel, en el Foro La Región para hablar de \”Humor en la prensa española\”. Díaz acaba de publicar su último libro: \”Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por tí\”.

¿Tenemos sentido del humor?
España siempre había sido un país divertido. De Cervantes a Muñoz Seca, de Jardiel a Camba, de Tip a Coll. Y, sin embargo, hoy, cuando más humoristas profesionales hay, cuando más medios y más libertad hay para hacer humor, más solemne y aburrida se está volviendo. España está perdiendo el sentido del humor y no lo sabe.

¿Qué es el sentido del humor?
La capacidad de reírse de las desgracias propias antes que de las ajenas.

Humor en la prensa española, ¿todavía existe?
Se ha ido muriendo la generación de satíricos, de todos los colores, cuyo último gran exponente en activo es quizá Alfonso Ussía. No ha habido renovación porque ha vencido la batalla el columnista coñazo. Aunque por suerte, en medio de un mar de tedio, todavía afilan columnas hilarantes Gistau, Jabóis, Ignacio Peyró, Bea Manjón o nuestro Xabier R. Blanco. En cuanto al humor gráfico, goza de mejor salud aquel que no se ha dejado invadir por la ola de sectarismo ideológico, esa idiocia generalizada que nos ha vendido que son más importantes nuestras certezas políticas que nuestras risas. No hay en España publicaciones de humor, sino revistas que solo consideran gracioso la transgresión, que es algo así como decir que la música se acabó después de Peter, Paul and Mary.

¿Están las cosas para reír o para llorar?
Naturalmente están para llorar. Por tanto están para reír. Reírse cuando todo va bien es una ordinariez y una obviedad. La risa que necesitamos, que a menudo es más una actitud ante la vida que el ruido sonoro de la carcajada, crece mejor en la adversidad. La mayor parte de las guerras se habrían evitado con una sonrisa. Esta bobada, si es tan amable, atribúyasela por ejemplo a Neruda. Yo negaré haberlo dicho.

¿Qué es lo más difícil de escribir para hacer reir a la gente?
Que la gente se ría con mis columnas dominicales en La Región, que varios críticos literarios digan hoy ya que \”Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por ti\” es el libro más divertido del año, es un privilegio que se alcanza sin querer. Es imposible explicar la literatura. De hacerlo, parecería que realmente trabajamos. Y en realidad, tratamos de entretener a los lectores porque no se nos ha ocurrido nada mejor para no tener que trabajar, que es algo que no tiene ninguna gracia.

¿Existe humor inteligente?
Supongo que es un invento de los humoristas pijos, nosotros, para separarse y contraponerse a la camada de humoristas zafios, ellos. Por lo demás, el humor más divertido es el más estúpido. Ahí tenemos a Wodehouse, a Chesterton, a P. J. O’Rourke, o a las desiguales generaciones de La Codorniz y el National Lampoon. La estupidez es una conquista que sólo está al alcance de nosotros, los más inteligentes. La única certeza que tenemos sobre que el humor nace de la inteligencia es que está ausente en dos grandes campos que la rehúyen con diligencia: el fútbol y la política.

Dicen que todos lloramos por lo mismo, pero que no sucede así con la risa, ¿está de acuerdo?
Es mucho más fácil hacer llorar que hacer reír. El llanto es universal, sentimental. Se llora solo con el corazón. La risa en cambio necesita al cerebro, por eso no llega a todos por igual –primero hay que tener uno-, y por eso se educa, leyendo, viviendo, o disfrutando de los clásicos del cine. De algún modo, cada generación tiene el humor que se merece, y a la nuestra le ha tocado reírse en pleno siglo XXI de una caricatura de los reyes en pelotas.

Por cierto, ¿qué plato le ha hecho reír y cuál le hizo llorar?
Lo explico en el libro. El “besugo relleno”: si crees que el novio de tu futura esposa es un besugo, la mejor forma de enamorarla es hacerlo relleno al horno. Y lloro con la cerveza sin alcohol, una receta infame, dolorosa, y probablemente anticonstitucional.

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