“Mis libros favoritos”, por Matilde M.ª Varela Ben

¡Qué difícil redactar una “pequeña” lista de mis libros favoritos después de tantos años de intensa lectura!

  • Con un gran esfuerzo de síntesis, empezaría por dos clásicos imprescindibles: el Quijote y la Biblia. Cuando todavía era muy joven, me sorprendieron gratamente estas dos grandes obras maestras de cuidado lenguaje y episodios más amenos de lo que nunca hubiera imaginado.
  • Entre los libros de lectura escolar obligatoria, son muchos los que ocupan un lugar entrañable en mis recuerdos, sobre todo porque con ellos descubrí el placer de la que sería la principal de mis aficiones: Cinco horas con Mario de Miguel Delibes, Marianela y los Episodios Nacionales de Pérez Galdós, las Sonatas de Valle-Inclán, Los novios de Alessandro Manzoni, Los pazos de Ulloa y La madre naturaleza de Emilia Pardo Bazán, Bodas de sangre de García Lorca, las Rimas y leyendas de Bécquer, los Poemas de Antonio Machado…
  • Durante mi época universitaria me impresionó El mundo de Sofía, de Jostein Gaarder, por la forma en que se da a conocer la historia de la filosofía de un modo novelado. También dejó huella en mí —estudiante de Pedagogía—Los niños primero de Christiane Rochefort, por replantear la relación entre niños y adultos desde una perspectiva diferente a la habitual.
  • En general, soy amante de la novela europea del siglo XIX, con sus grandes historias de odio y amor, de miserias humanas y nobles sentimientos, con grandes dosis de psicología y romanticismo: Madame Bovary de Flaubert, Orgullo y prejuicio de Jane Austen, Cumbres borrascosas de Emily Brontë, Crimen y castigo de Dostoievski, Guerra y paz de Tolstói, Los miserables de Victor Hugo…
  • La novela de ambientación histórica es, sin duda, mi gran favorita. Esos libros que parecen interminables y te van envolviendo de tal modo que no puedes parar de leer. Cuando te das cuenta, estás en la última página, a la que tanto deseabas llegar, y entonces surgen sentimientos encontrados, y darías cualquier cosa por retroceder en el tiempo y que la historia no tuviese fin. Eso me ocurrió con Los pilares de la tierra y Un mundo sin fin de Ken Follett, La catedral del mar de Ildefonso Falcones y La sombra del viento de Ruiz Zafón. También destacaría La ciudad de los prodigios de Eduardo Mendoza, Filomeno a mi pesar de Torrente Ballester, El tiempo entre costuras de María Dueñas…
  • Como testimonio de los horrores de la guerra, nunca podré olvidar El diario de Ana Frank. Tampoco El niño con el pijama de rayas de John Boyne, autor que me volvió a cautivar con la bellísima historia de amor de La casa del propósito especial, iniciada en la Rusia de los zares.
  • Me interesan igualmente los ensayos acerca de nuestra historia nacional reciente, sobre todo si es contada de una manera original y divertida. Así, recomendaría Usos amorosos de la posguerra española de Carmen Martín Gaite, El florido pensil de Andrés Sopeña Monsalve, o Los años del miedo y De la alpargata al seiscientos de Juan Eslava Galán.
  • Más lecturas: La casa de los espíritus de Isabel Allende, El nombre de la rosa de Umberto Eco, El perfume de Patrick Süskind, Mil soles espléndidos de Khaled Hosseini, la ficción distópica de Un mundo feliz de Aldous Huxley y 1984 de George Orwell, El amor en los tiempos del cólera y Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez…

La lista está evidentemente incompleta. Y no puedo evitar sentirme culpable por relegar al olvido tantos títulos más a los que debo agradecer el poso que me han dejado, pues forman ya parte de la persona que yo soy hoy en día. Como también añadiría con el tiempo —me atrevo a asegurar— muchos otros que espero leer todavía.
Matilde Varela es pedagoga y se dedica
 profesionalmente
a la escritura, corrección y traducción de textos.

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