«Pardo Bazán sabía que no era guapa, pero se sacaba partido»

Jueves, 06 de mayo de 2021

Sandra Faginas | Publicado en La Voz de Galicia

Blanca Rodríguez Garabatos (Santiago, 1973) describe en su libro Emilia Pardo Bazán y la moda con exhaustiva minuciosidad cómo fue la relación de la escritora gallega con las tendencias de la Belle Époque. Su profundo conocimiento queda reflejado en su obra, en la que las mujeres se visten de acuerdo con sus forma de ser, como Fe Neira, que lejos de caer rendida ante el lujo de los trajes, se abandona en la comodidad de la falda pantalón porque a ella solo le interesan los libros. «Pardo Bazán sabe de primera mano qué están ofreciendo los diseñadores de París y copia los modelos», explica Blanca, que da buena cuenta de ello en las cartas que Emilia se escribe con su comadre, Carmen Miranda.

-¿Era Pardo Bazán una «influencer»?

-Yo no diría eso, pero sí que era una persona con gusto y con criterio. Como era una mujer muy viajada tenía acceso a ver las modas de París. En esas cartas de Emilia con su amiga se ve que la aconseja porque tiene un conocimiento de la moda más profundo que otras mujeres. Su criterio se valoraba: estaba al tanto de las tendencias, los colores que se llevaban, los que le podían sentar mejor a su amiga por ser rubia… La moda le gustaba.

-En las cartas ella incluso dibuja detalladamente hasta cortes de abrigos, peinados…

-Sí, es muy curioso que a su amiga no solo le describe una chaqueta que ve a una mujer en el Louvre, sino que se la dibuja. En estos dibujos se reconocen los cuellos Medici de los abrigos o la forma de la chaqueta o los tipos de escote… No es solo anecdótico, demuestra que ese interés también lo quiere ilustrar.

-Ella es una adelantada, ¿conoce a los modistos de primera mano?

-Ella en las exposiciones universales pudo admirar las obras de los modistos de la época. Worth no le gustaba especialmente, y lo dice en sus crónicas de la exposición de París, pero sí le gustaban mucho las hermanas Boue, a las que les llamaban las golondrinas del encaje, ellas empezaron a hacer vestidos a base de encaje y Emilia se quedaba admirada. Yo no sé si conoció personalmente a Paquin, pero sabía quién era. Ella nos da muchas pistas de la moda de la belle epoque, desde luego no hablaba de nada de lo que no tuviera un conocimiento muy demostrado.

-¿Cómo definirías su estilo? ¿Fue una mujer sofisticada? ¿Muy clásica?

-Ella era una mujer muy consciente de su físico, sabía perfectamente, y de hecho se lo dice a Galdós en sus cartas, que ella no es una mujer hermosa ni tiene un físico agraciado. Pero como es muy inteligente, sabe sacarse mucho partido. Ella no sigue las modas que no le favorecen. En algunas de sus cartas habla, por ejemplo, de mujeres que adoptan una nueva moda con la falda muy ahuecada y que parecen peonzas. Ella, desde luego, no se va a poner eso, porque su físico ya es demasiado abultado como para abultarlo más. En cambio, los peinados que aumentan la estatura los adopta hasta el final de su vida, entiende que la estilizan. Ella adapta la moda a su físico. Trata de favorecerse y no desligarse de la moda; la sigue, pero no es una esclava del fashionismo, la utiliza en su propio beneficio.

-¿Cuál era su prenda favorita?

-Ella adoraba las mantillas, los abanicos, tenía una colección inmensa. También era una gran amante de las sombrillas y los sombreros, que le gustaba regalar.

-Sombreros que se encargaban, no se compraban hechos.

-Claro. Los hacían sombrereras de Coruña o Madrid. A ella le gustaban mucho los complementos. Para Pardo Bazán era muy importante ir bien combinada, bien vestida. En Barcelona ella acude a un acto con la reina Victoria, al que todo el mundo va bien vestido para la ocasión, sin embargo ella se presenta con un traje de ceremonia, un poco excesiva y al verse así se vuelve al hotel a cambiarse. Para ella era importante ir adecuada, no desentonar.

-Pero la moda no es una cuestión frívola para las mujeres como ella.

-No, en sus obras retrata el carácter de las mujeres a través de su forma de vestir. Por ejemplo, Fe Neira se viste con faldas pantalón, zapatos planos, lleva el pelo corto, con colores sobrios; otras mujeres, incluso del campo, son capaces de lo que sea por llevar un pañuelo rojo de seda, que era el lujo de las campesinas. Pare ella la moda es muy importante porque refleja la sociedad del momento y las ansias y las ambiciones de las mujeres: el cuidado de una misma. Habla de las mujeres inglesas, emancipadas, que van cómodas, que practican deportes, para ella la moda es un síntoma del cambio social.

-En 1911 llegan las primeras faldas pantalón, ¿las defendió?

-Sí, criticó a los que se escandalizaban tanto por el uso de la falda pantalón porque no le parecía tan escandalosa ni indecorosa. Esta prenda reflejaba una evolución de la mujer más allá del mero vestir y ese trasfondo era el que no gustaba: que las mujeres no estuvieran prisioneras de lucir y ser un objeto decorativo. La falda pantalón era un símbolo de libertad. Ella lo defiende y llega a decir que para vestir a las mujeres debía de haber un areópago de mujeres para que se decidiera qué era higiénico y lo que no, lo conveniente y lo que no. Porque a veces los hombres diseñan cosas absurdas y las que realmente sabían eran las señoras. Ella aboga por que en la toma de decisiones participen las mujeres.

-¿Quién la vestía en A Coruña?

-Ella tenía varias modistas, unas eran las Virtudes, las que le hacían la ropa interior. Otra modista era Elisa, que le arreglaba la ropa más cotidiana y tenía una sombrerera. También tenía modistas en Madrid y en Irún, que se llamaba Madame Leselleur.

-¿Tenía ropa de modistos?

-En sus cartas no se refleja, yo creo que era bastante ahorradora y, aunque tenía fortuna, no despilfarraba. Juan Valera decía que con todos los derechos de autor que había cobrado por Pepita Jiménez él no le podía comprar a su mujer un vestido de Worth, entonces, claro, Pardo Bazán que construye las torres de La Quimera, en el pazo, yo creo que prefirió invertir sus derechos de autoría en otras muchas cosas como esa, o en el mobiliario, porque también le gustaban las antigüedades, las joyas… Tenía cuatro hijos, le gustaba viajar… Imagino que se permitiría algún capricho, pero no habitualmente.

-¿Cómo nos vería hoy vestidas? ¿Nos haría un traje?

-Supongo que no se cortaría en opinar porque ella era una mujer muy franca en sus ideas, le gustaba el decoro. Cuando habla de Madame Gautraux y su vestido negro ajustado y sin mangas le contaba a su amiga que cuando se inclinaba se veía todo un espectáculo. Así que había modas que le parecían horribles o colores deplorables, y otras cosas le encantarían. Pero estoy segura de que daría su opinión abiertamente.

-¿Refleja en algún momento el gusto coruñés?

-Sí, habla de las marinedinas y de cuando acuden al teatro en A Coruña están en los palcos parecen flores, porque se visten muy bien y en el Modernismo se ponían muchas flores, o de tela o de verdad, en sus vestidos. Ella recoge la moda del momento. Y de la moda en Ourense, cuando habla de Carmiña Aldao, se cree que los pazos de Ulloa están en Ourense y ella conocía bien el entorno y el estilo de allí.

-¿Dónde están todos los trajes de Emilia Pardo Bazán?

-No lo sé, es algo que también me pregunto. Algunos de sus abanicos están en el Museo de Belas Artes de A Coruña, pero imagino que se habrán desperdigado entre sus herederos. En la Real Academia Galega hay un vestido de ella, que estuvo expuesto en el Gaiás, y creo que, igual que sus cartas, sus vestidos están en manos de particulares. Algún día saldrán a la luz. Es una lástima porque nos daría una idea más aproximada de cómo era ella.

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