Una vez derribado, no hay vuelta atrás…

Afirma Juan Sobrino Simal, profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla (Proyecto Andalucía, tomo I, p. 301), que:

\”La rehabilitación de edificios industriales permite mantener la memoria histórica asociada a su actividad, al tiempo que proporciona un equipamiento de calidad a los ciudadanos\”

Iniciamos el post con esta cita porque, en más de una ocasión, los edificios de nuestro alrededor van transformándose sin que nos demos cuenta. Y donde antes había un lavadero, una fábrica, un molino, un astillero, una bodega…, hay ahora un bloque de viviendas, un aparcamiento, un centro comercial…

Muchas veces es público y necesario, pero otras muchas, ni nos enteraríamos de que va a derribarse un edificio a no ser porque los vecinos arman alboroto y se oponen, convirtiéndose en noticia. Esta semana ha sido un grupo de vecinos de Malpica, molestos por el derribo de la lonja vieja, los que han saltado a la palestra para intentar preservar lo poco que les queda ya de Arqueología industrial.

manu negreira la voz de galicia - Una vez derribado, no hay vuelta atrás...

Puede que sea un mal necesario, pero nunca es buena noticia que desaparezca una construcción emblemática, aunque haya perdido su primigenia razón de ser.

Tal vez estos viejos edificios no tengan valor patrimonial, o las instituciones tengan poderosas razones para descartar la posibilidad de su rehabilitación. Pero lo cierto es que cuando algo se derriba, no hay vuelta atrás.

Las poblaciones pierden, cada vez con más frecuencia y celeridad, los vestigios de las generaciones pasadas, que suelen ser —paradójicamente— los escasos referentes culturales que les quedan, los elementos diferenciadores y que les confieren personalidad, aquellos que no responden a los dictados de la globalización.

Es una lástima no intentar rescatarlos y darles la oportunidad de que sean sus propios motores económicos poniéndolos en valor a través del turismo, dándole uso comunitario, plantando raíces para que no nos olvidemos de dónde venimos. Un museo, un centro social y de reunión, una biblioteca, un local para exposiciones o incuso un espacio para mercadillos y ferias de artesanía, del libro, de productos locales…

En Galicia hay ejemplos a montones, no sólo de Arqueología sino de Arquitectura religiosa y civil, cruceiros (Santa Mariña de Augas Santas), fortalezas (Ribadeo) y hasta ciudades enteras, como es el caso del viejo Portomarín, hundido bajo las aguas del embalse de Belesar.

Afonso Eiré describe este último episodio con maestría en un libro cuyo título, \”Belesar. O orgullo de España\”, presagia la sorna de lo que dentro se puede ver y leer.

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Xosé Castro, Pepucho, fotoperiodista incansable, primero desde Foto Blanco y después desde La Voz de Galicia, documenta, en el álbum gráfico “A Coruña. Nostalgia e ilusión”, algunos de los edificios grabados a fuego en la retina de muchos coruñeses y que hoy, lamentablemente, sólo podemos ver en imágenes. La iglesia de los Jesuitas o la gasolinera de Cuatro Caminos son algunos de los más emblemáticos.

igl jesuitas - Una vez derribado, no hay vuelta atrás...

Todos ellos han desaparecido y, con suerte, permanecerán todavía unos años en la memoria colectiva, hasta que el tiempo y las nuevas generaciones los condenen al olvido.

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